Historia

El Parque de El Capricho no es solo un jardín; es un lugar donde la naturaleza se encuentra armoniosamente con la creatividad humana.

El Parque de El Capricho, situado en el barrio de la Alameda de Osuna, en el distrito de Barajas, es un tesoro histórico-artístico de Madrid. Concebido en el siglo XVIII por la duquesa de Osuna, este jardín es un reflejo del movimiento del Romanticismo, y aunque ha ganado popularidad en los últimos años, sigue siendo un rincón tranquilo y poco conocido de la capital.

La creación del Jardín fue impulsada por María Josefa Pimentel, duquesa de Osuna, una figura influyente de la nobleza y mecenas de artistas de la época, principalmente de Goya. En 1783, la duquesa adquirió los terrenos que contenían una huerta y una casa. Inspirada por los jardines europeos de la época, especialmente los estilos francés, inglés e italiano, la duquesa soñaba con construir un lugar único para el descanso y el disfrute de las familias acomodadas de su entorno y que fuera el jardín más bello de Madrid.

El diseño inicial fue encargado a arquitectos y jardineros reconocidos como Jean-Baptiste Mulot y Pablo Boutelou. Las obras comenzaron en 1787 y avanzaron en dos grandes fases. Durante la primera, se remodeló el caserón original, se construyó el jardín italiano, el templete y el estanque de los cisnes. En la segunda fase, entre 1790 y 1808, se ampliaron los terrenos y se construyeron algunos de los edificios y sitios (llamados caprichos): la ermita, el abejero, la casa de cañas y la casa de la vieja. Se canalizó el manantial en una ría navegable que recorría el jardín. Además, se realizó una ampliación del edificio principal, que quedó convertido ya en palacio.

Tras la muerte del duque en 1807, el parque quedó bajo la supervisión de la duquesa, hasta que, durante la ocupación francesa, con la familia refugiada en Cádiz, se instaló en ella el general francés Augustin-Daniel Belliard. A su vuelta en 1815, la duquesa continuó las obras e hizo construir el Casino de baile, hasta que a su muerte en 1834 la propiedad pasó a su nieto, Pedro Alcántara (X duque), quien encargó también a López Aguado (hijo) nuevas construcciones, entre ellas la Exedra en la plaza de los Emperadores, dedicada a su abuela, y el Puente de Hierro.

Cuando don Pedro murió sin descendencia en 1844, el Capricho pasó a su hermano, don Mariano Téllez-Girón; sin embargo, a pesar de la gran fortuna del XI duque, los excesivos dispendios lo sumieron en enormes deudas, por lo que su viuda y heredera, la princesa María Leonor de Croy y Lowenstein, arrendó la finca al duque de Santoña hasta 1896. Fecha en la que, por orden del Tribunal Supremo, se tuvieron que subastar todos los bienes ducales para satisfacer los créditos y deudas contraídas por don Mariano. De esa forma, gran parte de las obras de arte y mobiliario de los palacios pasaron a manos de coleccionistas privados.

En 1900, tras fracasar la venta al ayuntamiento de Madrid, El Capricho fue adquirido por Gustavo Bauer, representante en España de la banca suiza Rothschild. Su familia conservó la finca en buen estado hasta 1936

En 1936, durante la Guerra Civil, fue requisado por el gobierno republicano, que construyó un refugio antiaéreo subterráneo, y donde se instaló el Estado Mayor del ejército del Centro, liderado por el general Miaja. Diseminados por el jardín se pueden ver aún los respiraderos del Búnker.

En 1974, el Ayuntamiento de Madrid adquirió el parque para su conservación. Desde entonces, ha sido objeto de múltiples restauraciones y en 1985 fue declarado Bien de Interés Cultural.

En 2001 recibe el premio Europa Nostra a la mejor restauración.

Hoy en día, El Capricho destaca por la fusión de tres estilos de jardín: el geométrico francés, el paisajista inglés y el clásico italiano, ofreciendo un entorno de gran belleza en cualquier época del año, especialmente en otoño y primavera.